Smiley: más allá del azar

Barcelona brilla bajo un cielo primaveral, meses después de que Álex y Bruno decidierón apostar por su amor. Comparten piso en el barrio de Gràcia, entre risas, discusiones tontas y noches de Sex on the Beach en el bar donde todo comenzó. Pero la rutina, silenciosa, empieza a filtrarse entre ellos.

Bruno, más seguro en su trabajo de arquitecto, extraña la espontaneidad de antes. Álex, aunque feliz, siente que algo se desvanece: los besos ya no son tan largos, las miradas se pierden en el móvil.

Una noche, en una cena con amigos, aparece Leo, un excompañero de Bruno de la Universidad, con una sonrisa cómplice y recuerdos compartidos que Álex no conoce. Los comentarios inocentes (“¿Te acuerdas de aquella noche en Málaga?”) encienden una chispa de incomodación en Álex.

Al día siguiente, Álex recibe una oferta para dirigir un hotel boutique en Ibiza. Es su sueño profesional, pero implica distancia. Cuando lo menciona, Bruno responde con un “Ya lo hablaremos” que suena a despedida.

La comunicación se rompe. Álex evita hablar del tema; Bruno se encierra en sus planos. Las palabras no dichas se convierten en reproches: “¿Por qué no me apoyás?”, “¿Es que Leo te gusta más que yo?”.

Pepa y Vero en medio de su propia crisis (Pepa quiere ser madre, Vero teme no estar lista), intentan mediar, pero sus consejos chocan con los muros que Álex y Bruno han levantado.

Mientras Bruno ordena cajas (¿preparándose para irse?), encuentra el vaso de chupitos que Álex robó el día que se conocieron. La cámara muestra, en paralelo, a Álex mirando el collar que Bruno le regaló en su primer cumpleaños juntos.

Leo reaparece, invitando a Bruno a un evento profesional. Álex, herido, cancela sus planes con él sin avisar. La pelea estalla: “¡No soporto que despriorices nuestra relación!”, dijo Álex. “¡Y yo no soporto que no confíes en mí!”, Bruno le dijo.

Bruno se va a casa de su hermana. Álex, entre lágrimas, empieza a escribir una carta de aceptación para Ibiza. La cámara enfoca el sobre… sin enviar.

Una semana después, Álex llega al bar Smiley. Allí, en su mesa, hay un plan arquitectónico: un dibujo de casa en Ibiza, firmado por Bruno. Y debajo, una nota: “Siempre dijiste que querías un balcón con vistas al mar. Yo solo quiero despertarme a tu lado. ¿Vamos?”.

Esa noche, frente al mar en Barceloneta, Bruno admite sus miedos: “Temí no ser suficiente para que te quedaras”. Álex le toma la mano: “El mío fue pensar que no me elegirías”.

Álex acepta el trabajo; Bruno solicita teletrabajo. Pepa y Vero los ayudan a empaquetar, no sin antes bromear: “Os regalamos un mapa para que no os perdáis el uno al outro”.

Última escena: Un año después, playa de Las Salinas, Ibiza. Álex y Bruno estrenan terraza con vista al Mediterráneo. Entre cajas por deshacer, Bruno saca un anillo (¿o es solo un candado para el puente?). La cámara se aleja mientras se besan, dejando la pregunta en el aire.

La última frase la dice Bruno, mirando a la cámara con una sonrisa pícara: “¿Y ahora qué? ¿Otro chupito?”.


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