La Mansión Wayne, rodeada de árboles y lejos de la ciudad, hacía que cualquiera pensara que era una casa elegante y simple, con demasiado espacio. Y tú también lo pensarías si no supieras que dentro no vive solo Bruce Wayne, sino también el mismísimo Batman y toda la “Batifamilia”, a la que Damian estaba a punto de presentarte.

—No te preocupes. Le dije que sería mejor si solo estuviéramos nosotros —dijo Damian, poniendo su mano sobre la tuya. Aunque su tono fue cortante, apreciabas el hecho de que tratara de tranquilizarte y que hubiera reducido el número de personas para esta situación.

—Sabía que este momento llegaría, aunque me parece injusto que sea solo yo la que tenga que pasar por esto. Cuando tu padre es un demonio interdimensional con ganas de conquistar la Tierra, es difícil programar una cena.

—Bueno, no creo que esto sea peor que el encuentro que tuvimos con tu padre… o eso espero —Damian soltó un suspiro después de decir eso.

—Sí… lástima que mi padre arruinara ese día en el parque de diversiones… lo siento. La vez que mandó a sus demonios para buscarme y terminaron poseyendo a miembros de la Liga sí que fue una situación difícil. Incluso con todo eso, los Titanes permanecieron de mi lado para ayudarme, especialmente tú. Gracias por no abandonarme en ese momento.

—Olvídate de eso. Te volviste alguien importante para mí rápidamente. Jamás te habría dejado. Y si a tu padre se le ocurre volver, lo rebanaré con mi espada.

Sin darte cuenta, ya estaban pasando por los portones de la mansión. El tiempo pasa rápido cuando están juntos y no sabías decir si eso era algo bueno o malo.

Al llegar a las puertas de la mansión, el hombre que había conducido abrió la puerta del auto para que bajaran. Sentías mucha vitalidad en él para alguien que parecía tan viejo. El famoso Alfred Pennyworth, alguien importante para el círculo de Bruce y respetado por toda la Batifamilia. Tenía un semblante sereno, una tranquilidad contagiosa.

—Gracias —dijo Raven bajando del auto y ajustando su vestido negro. Sin duda le quedaba maravilloso. No pudiste dejar de mirarla cuando se encontraron y apenas lograste articular unas palabras para decirle lo linda que estaba.

También bajaste del auto y le ofreciste tu brazo para entrar juntos.

—Hubiera preferido llegar volando o abrir un portal —dijo Raven acercándose y tomando tu brazo.

—¿Y cuál sería la gracia de hacerlo así? A veces es bueno hacer las cosas como si fuéramos normales aunque sea por un momento, ¿no te parece? Aprovecha esto. Ahora no soy Robin, no eres una superheroína, no hay villanos ni Batman… solo somos una bonita pareja a punto de conocer al padre de su novio.

Lo dijiste con la mejor sonrisa que pudiste poner, aunque terminó pareciendo más una mueca con dientes. Pero parece que funcionó, porque Raven terminó regalándote una sonrisa, algo que se había vuelto mucho más habitual.

—Jejeje… tienes razón. A pesar de todo, estoy disfrutando esto de ser “normales”… aunque este vestido sí que es incómodo y los tacones me están matando. No sabía que fueran tan difíciles de usar sin magia —dijo Raven con una sonrisa.

—De eso estoy hablando. Este esmoquin también me está asfixiando.

Y no estabas exagerando; realmente estaba demasiado apretado. Estiraste la corbata en un intento de respirar correctamente aunque fuera por unos segundos.

—Por aquí, amo Damian, señorita Raven —Pennyworth los llevó hasta el comedor, donde ya estaba todo preparado.

Sin duda era alguien muy eficiente, pensaste.

Bruce ya estaba sentado esperándolos. La mesa era enorme; en las pocas ocasiones en que la usaban, solía estar mucho más llena.

—Buenas noches, padre. Esta es Raven. La traje para presentártela. Ella es mi…

No pudiste terminar de hablar.

—Siéntense.

Por el tono, no fue una petición.

Nos sentamos a su derecha. Podía ver que Bruce tenía cosas que decir y solo esperaba que no fueran tan malas como estaba imaginando. En realidad no quería hacer esto, pero después de saber cuánto sufrió Raven y todo lo que perdió por culpa de su padre, quería hacer que recuperara un poco del tiempo y las experiencias que le fueron privadas. Aunque fuera solo una actuación, querías que pudiera sentir por un momento lo que era una familia normal.

Ya habías notado algo extraño en Bruce cuando le hablaste sobre Raven, pero ocultarlo tampoco era una opción, considerando que él era el mejor detective del mundo.

—La relación entre ustedes no puede continuar. Ustedes dos son una bomba de tiempo. Raven depende de su control emocional para mantener sus poderes bajo control, y un conflicto entre ustedes no terminaría en una ruptura normal… terminaría con una ciudad destruida porque perdió el enfoque. Damian ha pasado años intentando purgar la influencia de la Liga de las Sombras. No puede permitirse estar cerca de la influencia de Trigon. Eres una puerta abierta a un mal que él todavía no está listo para combatir.

Bruce hizo una pausa antes de continuar.

—Y además, un equipo de héroes no puede permitirse vínculos que nublen el juicio en el campo de batalla. Si tienen que elegir entre salvarse el uno al otro o salvar al mundo… ¿quién asegura que no dejarán arder el mundo? Ese es un riesgo que no puedo aceptar.

Me quedé paralizado. No esperaba que fuera tan directo sin siquiera permitirnos hablar.

El silencio que siguió fue insoportable.

Raven bajó la mirada lentamente. Sus dedos se aferraron a la tela de su vestido mientras intentaba mantener la calma. Podías sentir la energía oscura moviéndose levemente a su alrededor, como si sus emociones quisieran escapar.

—Raven… —susurraste.

Ella se levantó de la mesa sin decir una palabra.

—Disculpen… necesito un momento.

La viste salir del comedor rápidamente. Por un instante te quedaste inmóvil, pero luego empujaste la silla hacia atrás.

—Damian —la voz de Bruce sonó firme.

—No.

Fue la única respuesta que le diste antes de salir tras ella.

Recorriste los pasillos de la mansión hasta encontrar una pequeña presencia mágica que reconocías perfectamente. La biblioteca estaba apenas iluminada por una lámpara junto a uno de los sillones. Raven estaba allí, sentada junto a una ventana, abrazando sus piernas mientras observaba la lluvia caer afuera.

Por primera vez desde que la conocías… parecía pequeña.

—Sabía que te encontraría aquí —dijiste en voz baja.

—Lo siento… —murmuró ella sin mirarte—. Tal vez Bruce tiene razón.

—No la tiene.

—Damian, mírame. Mi padre es Trigon. He destruido ciudades en futuros alternativos. Perdí el control más veces de las que quisiera admitir. ¿Y si un día realmente hago daño a alguien importante para ti?

Te acercaste lentamente hasta sentarte frente a ella.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Raven soltó una pequeña risa amarga.

—Lo dices tan fácil…

—Porque para mí sí lo es. Tú no eres tu padre, Raven. Nunca lo has sido.

Ella finalmente levantó la mirada. Sus ojos violetas estaban cargados de tristeza y cansancio.

—¿Y si termino lastimándote?

—Entonces seguiré siendo yo quien decida quedarme.

Por un momento ninguno habló. Solo se escuchaba la lluvia golpeando las ventanas de la biblioteca.

Raven desvió la mirada, pero notaste cómo sus hombros temblaban ligeramente. Dudaste unos segundos antes de acercarte más y tomar suavemente una de sus manos.

—Oye… —murmuraste—. No voy a abandonarte solo porque las cosas sean difíciles.

Ella apretó tu mano con cuidado.

—Eres un idiota, Damian Wayne.

—Lo sé.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Raven. Débil… pero real.

Sin pensarlo demasiado, ella terminó apoyando la cabeza en tu hombro. Pudiste sentir cómo poco a poco la tensión en su cuerpo desaparecía.

Al final, entre el lujo de la mansión y las expectativas de sus linajes, no era el heredero de Batman ni la hija de un demonio. Solo eran un par de sombras refugiadas en el rincón mas oscuro de la biblioteca compartiendo un silencio que nadie mas podía decifrar.

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